Algunas observaciones sobre los
efectos de "El NiÑo"de 1997-1998 en el cultivo de mejillón en la Bahía de
Todos Santos
ACUACULTURA OCEANICA
La empresa Acuacultura Oceánica ha
venido realizando cultivos de mejillón desde 1992 en la Bahía de Todos Santos. Ell
evento de "El Niño" de 1997-1998 tuvo efectos muy serios sobre el cultivo de
mejillón, al grado que la producción se desplomó a menor de la cuarta parte en 1998 en
comparación a 1997.
Cuando tuvimos conocimiento de que se
estaba registrando un evento de "El Niño", nos abocamos a investigar las
posibles repercusiones que tendría para nuestro cultivo. Consideramos tres aspectos que
pudieran tener un impacto en nuestro cultivo: 1) Un incremento en la temperatura; 2) una
mayor incidencia de tormentas y 3) una menor productividad.
En principio, el mayor impacto de la
anomalía térmica ocurrió durante el invierno. La temperatura superficial del agua
sufrió un incremento en 3 o 4 grados en relación al promedio histórico. Este incremento
no representa de por sí un problema. En efecto, la temperatura de 18°C en el invierno es
todavía menor a la temperatura superficial típica del verano. La cuestión es todavía
más clara si tomamos como referencia que la temperatura letal del mejillón es de cerca
de los 28°C comparados con los 18°C que registramos en ese invierno.
El efecto de la temperatura se observó
más en la disminución de la productividad orgánica primaria. La gruesa capa de agua
caliente resulta más difícil de ser movida por los vientos por lo que los eventos de
surgencia se reducen drásticamente con la consecuente baja en la productividad.
Nuestros buzos observaron cotidianamente
durante este invierno y primavera de 1998, una alta visibilidad producto de una baja
concentración fitoplanctónica en la columna de agua. Esta baja en la productividad, o
sea una menor disponibilidad de alimento, produce que el rendimiento de la carne de
mejillón sea menor a lo normal. Un mejillón con bajo rendimiento, tiene poca aceptación
en el mercado, sobre todo en el mercado de exportación norteamericano donde concurren
productores de muchos lugares de norteamérica.
Al engordar menos, los mejillones
producen menos gametos en la época de reproducción, los desoves son menos prolíficos.
Por lo tanto se capta menos semilla. Al haber menor alimento en el agua, también se
recuperan del desove más lentamente o de plano permanecen flacos. En estas condiciones,
los mejillones se encuentran débiles y con menor fuerza en la fijación y por lo tanto
más susceptibles de desprenderse de las artes de cultivo.
Sin embargo, el mayor efecto directo
sobre la capacidad de producción lo sufrimos de la manera más inesperada. Esta
consistió en una invasión de patos buzos (Mellita perspicilata).
En efecto, los patos buzos que migran
anualmente durante el invierno desde Canadá hacia el Sur y que normalmente van a las
costas de Baja California Sur, Sonora, Sinaloa y Nayarit, encontraron agua tibia aquí en
la Bahía de Todos Santos. Junto con el agua tibia encontraron una gran cantidad de
alimento.
La zona de cultivo con más de 30 long
lines de 200 metros de largo con más de tres centenares de flotadores de 200 litros
resultó muy visible para los depredadores. A la llegada de unos, le siguieron otros
atraídos por los primeros, generándose así un efecto cascada. Los patos buzos, que se
llegaron a observar hasta profundidades de 20 metros por nuestros buzos, son sumamente
voraces. Se comen la semilla de mejillón de hasta 3 cm., se la tragan y la trituran en el
buche. Son tan voraces que en ocasiones comen tanto que no pueden emprender el vuelo Pero
el mayor daño lo ocasionan no por lo que comen sino porque en el proceso de picotear y
buscar la semilla que pueden tragar, provocan el desprendimiento y lo tiran al fondo del
mar. En una ocasión logré observar en un solo día cerca de tres mil patos buzos en la
zona de cultivo.
Este invierno teníamos la preocupación
de que debido al aprendizaje del año anterior, los patos regresaran. Este invierno nos
encontramos mejor preparados. Sin embargo, llegaron muchos menos que el año anterior. Y a
los que llegaron, los "convencimos" de que siguieran su camino.
Es importante mencionar que durante el
mismo período, en nuestro cultivo de ostión japonés no pudimos observar mortalidades.
Si bien no registramos rendimientos de carne tan buenos como en años anteriores, el
cultivo se desarrolló muy bien. Esto contrasta con las mortalidades de ostión registrada
en otros lugares del noroeste de México, en varios esteros de Sonora, en San Quintín y
en Laguna San Ignacio. Una diferencia importante de nuestro sistema de cultivo es que a
diferencia de los cultivos de ostión que tuvieron mortalidades y se cultivan en zona de
entremareas, en nuestros long lines, los ostiones se encuentran siempre sumergidos.
En la acuacultura como en todas las
actividades humanas, no terminamos de aprender... |